Flores marchitas como cuerpos furtivos sobre su rostro…cercano, distraído, hermoso. Flores dulces, coloridas tomando su dulzura nutriéndose con ella. Su lado oscuro llamativo, atrayente.
Sus palabras se piensan, se sienten, se materializan. Su perfume, olor de jóvenes flores, un recuerdo que a veces reconforta en tan amplio mar.
Arroja sus ideas desde su balcón y nuevamente ese sentimiento. Nuestra vida es un juego, una goce para otros mas nosotros de tanto en tanto perdemos todo, la cosa en sí. Y siempre arriba, como si el tímido mundo no quisiese dar el paso. Ecos de un anillo, ecos en el tiempo.
Por la madrugada despierto empapado en sudor helado y allí, en la pared, viejas manchas que han estado, mi histérico pasado vibrante en mi cabeza, como mil sonidos quietos en el aire. A veces asesinos otras padres de ideas, ideales, amores y odios. Ellos son niebla en la oscura noche, en el turbio olvido a contra luz. Solo en ocasiones un breve silencio viene y únicamente con sus gestos logra callar y así llama al caos.
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La tarea consistía en comenzar a escribir y a mientras se hacía se dictaban palabras. Eran diez y ocho y están por ahí.

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